Siento algo extraño. Puede ser una mezcla a partes iguales entre la certeza de partir pronto (esto siento que ya lo he vivido) junto con estado de felicidad inducida que provoca en mi, casi cada noche, la cerveza belga (a esta sí que la echaré de menos).
Una vez descubrí que, a la hora de partir de un lugar de donde no te quieres ir, siempre es más fácil hacer escalas. Tengo alguna teoría que lo explica y, tal vez, este no es mal lugar para explicarlo. Tampoco creo que sea un mal momento. Simplemente no me apetece.
Sin más explicaciones, las escalas. El martes, París. Tengo algunos viejos amigos que visitar allá y alguna que otra fiesta a la que asistir. El sábado, Amsterdam. Descubriré, junto a J, si es verdad todo lo que dicen sobre esa ciudad. Más tarde estaré con otro viejo amigo griego, también en Holanda. Y, para acabar, pero poniendo más cruces en mi mapa, vuelo a casa el jueves día 8 de Noviembre desde Dusseldorf (Alemania).
Ea!. Ya pueden empezar a organizar la bienvenida. Que les sea leve.
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